Venezuela Fea, Generación Testigo de la Decadencia I

Posted on September 8, 2010

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Venezuela Fea


A partir de los ochenta, un país llamado Venezuela , rico en recursos, climáticamente agradable, lleno de arepas y repleto de mujeres hermosas era visto como una nación prospecto a formar parte del primer mundo, parte de las civilizaciones cultas que han ayudado a avanzar este mundo que llamamos Tierra. Pero algo ocurrió, un punto de inflexión que llevo al país de ser un gran prospecto a un bodrio de violencia, políticos imbéciles  y retraso mental social; bueno, aunque se continua generando mujeres hermosas, eso no ha cambiado…. Aun.  Las razones por las cuales sucedieron estos acontecimientos son bien sabidos por todos: cuatro presidentes realmente idiotas que inundaron al país, terribles políticas de estado, viernes negro, ceguera hacia la violencia, golpes de estado, intentonas golpistas y últimamente falsos amantes del comunismo, que adoran consumir del capitalismo. Estas palabras que a continuación podrán leer reflejan la situación de lo que quizás hemos vivido la mayoría de los venezolanos jóvenes, nacidos en los ochenta, noventa y lo que va del siglo XXI, que nunca tuvieron la oportunidad de ver la susodicha Venezuela bonita o lo que fue de aquel prospecto a primer mundo.

En mi manera muy particular de ver las cosas, yo siempre observe a mi país como un músico muy talentoso, bendecido por los dioses pero, que por cosas del destino cayó en las drogas; primero la marihuana, luego un par de líneas de coca seguida de inyecciones directas en las venas. Este músico, en su adicción, se volvió altamente depresivo, llegando a pensar que su única salida del estado en que las drogas lo habían llevado era el suicidio, el cual ha intentado numerosas veces, dejándolo en un estado deplorable, llevando no más que una vida miserable.

Para empezar, creo que lo primero que recuerdo con total veracidad en mi vida con respecto a la interacción con la sociedad en Venezuela fue que, desde una ventana de un edificio, observaba hombres y mujeres irrumpiendo en locales comerciales, hurtando y rompiendo todas aquellas cosas que se atravesaban a su paso. Mi madre me abrazaba y lagrimas salían de sus ojos, en una mezcla extraña de pena por lo que sucedía y el gas lacrimógeno que arrojaban los oficiales de seguridad para evitar que siguiera ocurriendo aquella sublevación popular, llamada el Caracazo. Mi madre me alejo de la ventana y puso en mi nariz un paño blanco remojado en vinagre. Yo también termine cediendo al llanto  por el efecto de mi primer encuentro con el olor picoso de las lacrimógenas.

Ese día pude escuchar los primeros disparos de mi vida, a lo lejos, pero aun así sabía que era un sonido que no me apetecía escuchar. La noche de ese día vi por primera vez a un hombre morir en las calles de mi ciudad, muy escondido, desde la ventana de mi cuarto. El hombre cargaba un articulo domestico, ensangrentado por las balas recibidas por un guardia nacional. Ese día, a muy temprana edad, comencé a sentir odio y temor por el lugar donde había nacido.

Años más tarde, ya en los noventa, el sueno de Chávez de ser un ídolo político y falso adorador del comunismo, imitando las hazañas de sus ídolos como Fidel, Bolívar, el Che, entre otros, realizo una intentona golpista. Una vez más, disparos retumbaban cerca de mi residencia, esta vez militares contra militares. Mi madre me prohibió salir a ver el espectáculo por la ventana, en precaución si una de esas balas merodeaba nuestra morada. El espectáculo era transmitido por televisión, donde tanquetas de guerra tumbaban las puertas de Miraflores y la cara de militar flacuchento de Chávez aceptaba la derrota de su intento de ser como las personas que admiraba.  Ese mismo año, hubo otra sublevación, esta vez los protagonistas eran los aviones Hércules, que cada vez que sobrevolaban sobre mi edificio, la gente clamaba con furor “Viva Chávez!!” . Esta vez se sintió la batalla más intensa por donde vivía mi familia, el edificio temblaba por las recurrentes bombas de los aviones, una de ellas exploto muy cerca, haciendo estallar por completo las cerámica de nuestro balcón, al que de una vez por todas decidí no acercarme en momentos de esa índole.

Un grupo muy flacuchento de revolucionarios

 

Y así la historia de mi país continuo, Chávez fue encarcelado, consumiendo su tiempo en ideas semi comunistas mientras pintaba desnudos de Fidel en las paredes de su cómoda cárcel. La historia política fue tomando su curso y un viejito senil llamado Caldera, que debo admitir que tenía un buen peinado tomo el poder, haciendo casi nada con el mismo. Por ello, el daño infundado por las aventuras de Chávez despertó la semilla que había dentro de la idiosincrasia de la comunidad venezolana, a través de una simple idea que yacía en nuestro interior ya desde algún tiempo atrás; el primer intento de suicidio del talentoso músico, la violencia. El venezolano comenzó a creer que la violencia en realidad podría resolver todos los problemas.

Ciegos al proverbio la violencia genera más violencia (EN TODOS LOS ASPECTOS), comenzamos a aplicar esta en prueba de la tesis de Chávez, que aun pintaba desnudos de Fidel en la cárcel.

La violencia puede ser aplicada de muchas maneras, desde la más simple, que es el asesinato, hasta la más compleja, que en mi país usualmente toma forma de discurso político. La violencia, el primer gran problema del drogadicto, poseía cierto historial peculiar desde el comienzo del reinado de los cuatro idiotas, esparciéndose con el tiempo mas y mas, tal cual mísera gonorrea de la meretriz del barrio. En mi caso en particular no recuerdo vivir la experiencia de que la muerte de diez, veinte, treinta venezolanos cada fin de semana en mi ciudad era considerada una tragedia. Simplemente no sé cómo, y nunca me ayudo ver la reacción de los demás al respecto;  solo es un numero mas en el periódico del lunes y así me acostumbre a vivirlo, no sé cómo es estar horrorizado frente a tal situación, lo cual aborrezco.

Recuerdo muy bien mi primer encuentro con la violencia. Mi madre, una talentosa estilista atendía a una dama y a su lado, un barbero muy bueno atendía a un señor, muy bromista él. Yo jugaba con mis juguetes en la entrada del establecimiento porque aun era un infante en ese tiempo. Un Señor o joven, no lo recuerdo bien, entro, camino hacia la posición del señor bromista, saco un arma corta y le disparo repetidas veces al hombre. Luego, el maleante salió corriendo como si nada, como si hubiese entregado una especie de cajita infeliz auspiciada por Mc Violencia Inc. Aquel hombre aun luchando por su vida jadeaba, mientras la sangre salpicaba y chorreaba por todos los lados de la silla. El maleante nunca fue encontrado y la policía llego mucho, mucho tiempo después, uniformados sumamente gordos que te hacen cuestionar si realmente son policías. TERRIBLE!!

Conocí duramente la violencia y con ello de remate conocí a su niño bastardo llamado impunidad, que es el ser mas odioso y malcriado que he conocido en mi vida. Pero de este niño, ya crecido en tiempos modernos, hablaremos luego.

En esos tiempos, cuando comenzaba a conocer todos estos personajes amorfos que se criaban en la sociedad venezolana mientras era niño, ocurrió algo fatal en la historia venezolana a mi parecer. Caldera, ya ciego como murciélago y sordo por acumulación de cerillo, firmo y acepto la liberación de Hugo Rafael Chávez Frías, quien era sumamente feliz pintando autorretratos de él y Fidel desnudos tocándose en la cárcel. Libero a la persona que sembró la semilla de no solo la violencia, sino de la estupidez acumulada por los tres gobernantes imbéciles. Ahora que lo veo, ese evento de liberación fue como Caldera, el tercer idiota, quiso darnos a entender que necesitábamos un idiota mayor, que nos hiciera comprender lo realmente idiota e ineficaz que alguien puede ser. Caldera le dio la batuta al Ayatola de la idiotez mayor y su mandato seria largo, muy largo, porque teníamos que aprender mucho de él.

Continuara…

Ayatola comenzaba a engordar

 

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